Espejo de Luna

martes, agosto 04, 2009


BÁLSAMO SANADOR


Tras colarme en un vuelo en la abierta
ventana (léase blog) de una querida
amiga y "pasear" libremente
por los caminos de sus letras,
viendo que casi el aroma
- más que el sabor - de una fuerte
y caliente pócima la ha sanado
de una dolencia cervical,
me ha venido al magín otra
balsámica pócima de la que,
supongo, todos hemos
leído u oído nombrar y que
aquí os vengo a recordar:




El bálsamo de Fierabrás es una pócima maravillosa que
forma parte de las leyendas del ciclo carolingio. Aparece
como tema en el cantar de gesta francés Fierabrás
(el de feroces brazos) que se fecha hacia 1170.
Según la leyenda épica, cuando el rey sarraceno Balán
y su hijo el gigante Fierabrás conquistaron Roma,
robaron en dos barriles los restos del bálsamo
con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo,
que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.
Vencido el gigante por Oliveros, y habiéndose
hecho cristiano, lo devolvió a Roma el emperador
Carlomagno. Se trata de una piadosa leyenda medieval
que los contemporáneos de Cervantes conocerían
por la traducción de una versión en prosa francesa
del siglo XV, "Hystoria del emperador Carlomagno
y de los doze pares de Francia, e de la cruda
batalla que huvo Oliveros con Fierabrás", (Sevilla, 1525,
y reimpresa varias veces), capítulos 17 y 19. En esta
versión dice Fierabrás que ganó los dos barriles
del bálsamo por fuerza de armas en Jerusalén. Oliveros,
mortalmente herido, bebe de él y sana por completo.
Esa capacidad del bálsamo para sanar es, pues,
la esencia de la leyenda que don Quijote transmite
a su escudero la primera vez que le informa
sobre el bálsamo en el capítulo décimo:

“-Todo eso fuera bien escusado –respondió don Quijote-
si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo
de Fierabrás, que con sola una gota se ahorraran tiempo
y medicinas.
- ¿Qué redoma y qué bálsamo es ése? -dijo Sancho Panza.
Es un bálsamo - respondió don Quijote- de quien tengo
la receta en la memoria, con el cual no hay que tener
temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna.
Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más
que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla
me han partido por medio del cuerpo (como muchas veces
suele acontecer), bonitamente la parte del cuerpo
que hubiere caído en el suelo, y con mucha sotileza,
antes que la sangre se yele, la pondrás sobre la otra
mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo
igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos
dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme
quedar más sano que una manzana.

La ignorancia de Sancho, su simpleza, le hacen creer
a pie juntillas las palabras de su señor, pero en vez
de pensar, como él, en la utilidad salutífera del ungüento,
su sentido práctico de la vida le lleva a imaginar
las magníficas perspectivas de negocio que ofrece
un producto de tales características...

-Si eso hay - dijo Panza -, yo renuncio desde aquí
el gobierno de la prometida ínsula, y no quiero otra cosa,
en pago de mis muchos y buenos servicios, sino
que vuestra merced me dé la receta de ese estremado licor;
que para mí tengo que valdrá la onza adondequiera más
de a dos reales, y no he menester yo más para pasar
esta vida honrada y descansadamente. Pero es de saber
agora si tiene mucha costa el hacelle.
-Con menos de tres reales se pueden hacer tres azumbres -
respondió don Quijote.
-¡Pecador de mí! - replicó Sancho -.
¿Pues a qué aguarda vuestra merced a hacelle
y a enseñármele?


Respecto a la leyenda tradicional del bálsamo, don Quijote
ofrece dos datos novedosos. De un lado, la escasez necesaria,
“una gota” o “dos gotas”, para que produzca efectos.
De otro, el conocimiento de la receta, es decir,
la posibilidad de fabricarlo, algo discordante
con la naturaleza misma del bálsamo legendario,
cuya fuerza radicaba en haber servido “para ungir
a Jesús antes de enterrarlo” También llama la atención
la precisión verbal de Sancho al referirse al bálsamo
como “estremado licor”, o sea, la panacea,el sumo invento.
Tras esta primera aparición en el capítulo décimo,
no se vuelve a tener noticias del bálsamo hasta
el capítulo 15, donde Sancho, después de la paliza
que le propinan los yangüeses a él, a su amo
y a Rocinante, lo recuerda como recurso ideal para aliviar
el dolor que padecen en ese momento…

-Querría si fuese posible, respondió Sancho Panza,
que vuestra merced me diese dos tragos de aquella
bebida del feo Blas, si es que la tiene vuestra merced
ahí a mano, quizá será de provecho para los
quebrantamientos de huesos, como lo es para las feridas.
-Pues a tenerla yo aquí, desgraciado yo,
¿qué nos faltaba?, respondió don Quijote.
Mas yo te juro Sancho Panza, a fe de caballero andante,
que antes que pasen dos días (si la fortuna
no ordena otra cosa) la tengo de tener en mi poder,
o mal me han de andar las manos.


Sancho comete el error, producto de su ignorancia
y mala memoria, de confundir el nombre de “Fierabrás”
con el de “feo Blas”, y su amo jura fabricar el bálsamo
antes de dos días, cosa que cumple pues, esa misma
noche del apaleamiento, llegan a la venta y,
tras sufrir otra nueva paliza,
don Quijote acelera la elaboración…

-No tengas pena amigo, dijo don Quijote, que yo haré
agora el bálsamo precioso con que sanaremos
en un abrir y cerrar de ojos.

Apenas pronunciadas estas palabras, el caballero recibe
un nuevo golpe y, acto seguido, envía a Sancho a buscar
los ingredientes

Levántate Sancho si puedes, y llama al alcaide
desta fortaleza, y procura que se me dé un poco
de aceite, vino, sal, y romero, para hacer el salutífero
bálsamo, que en verdad que creo que lo he bien menester
ahora, porque se me va mucha sangre de la herida
que esta fantasma me ha dado.

En cuanto Sancho vuelve con los elementos,
su amo se pone manos a la obra

En resolución él tomó sus simples, de los cuales
hizo un compuesto, mezclándolos todos y cociéndolos
un buen espacio, hasta que le pareció que estaban
en su punto. Pidió luego alguna redoma para echallo,
y como no la hubo en la venta, se resolvió de ponello
en una alcuza, o aceitera de hoja de lata, de quien
el ventero le hizo grata donación. Y luego dijo sobre
la alcuza más de ochenta Pater nostres, y otras tantas
Ave Marías, salves, y credos, y a cada palabra
acompañaba una cruz, a modo de bendición;
a todo lo cual se hallaron presentes, Sancho,
el ventero, y cuadrillero, que ya el arriero
sosegadamente andaba entendiendo en el beneficio
de sus machos.

La elaboración del bálsamo consta de un doble proceso,
en primer lugar la parte estrictamente culinaria,
consistente en cocer los diversos componentes,
o “simples”, hasta obtener una sustancia, o “compuesto”,
sobre la cual, una vez embasada, se realiza un segunda
proceso, consistente en rezar una serie de oraciones
acompañadas, “a modo de bendición”, del signo de la cruz.
Llama especialmente la atención, la duración
de la segunda parte del proceso pues, según el narrador,
don Quijote dice sobre la alcuza ochenta Pater nostres,
ochenta Ave Marías, ochenta salves y ochenta credos,
y lo más sorprendente es que “a cada palabra
acompañaba una cruz”, no dice a cada oración,
sino a cada palabra, lo cual suma más de veinte mil
cruces sobre la aceitera.
Finalizado el proceso, don Quijote prueba el bálsamo
para conocer su “virtud” y, tras vómitos, sudores
y “tres horas” de sueño, queda como nuevo.

Hecho esto, quiso él mesmo hacer luego la esperiencia
de la virtud de aquel precioso bálsamo
que él se imaginaba, y así se bebió de lo que no pudo
caber en la alcuza, y quedaba en la olla donde
se había cocido casi media azumbre, y apenas
lo acabó de beber, cuando comenzó a vomitar, de manera,
que no le quedó cosa en el estómago,
y con las ansias y agitación del vómito,
le dio un sudor copiosísimo, por lo cual mandó
que le arropasen y le dejasen solo. Hiciéronlo ansí,
y quedóse dormido más de tres horas,
al cabo de las cuales despertó y se sintió
aliviadísimo del cuerpo y en tal manera mejor
de su quebrantamiento, que se tuvo por sano.
Y verdaderamente creyó que había acertado
con el bálsamo de Fierabrás, y que con aquel remedio,
podía acometer desde allí adelante sin temor.

Sancho, que tuvo “a milagro” la mejoría de su amo,
tomó otra buena cantidad del bálsamo pero,
antes de vomitar, le dieron tantas ansias,
trasudores y desmayos que pensó que se moría.

Sancho Panza que también tuvo a milagro la mejoría
de su amo, le rogó que le diese a él lo que quedaba
en la olla, que no era poca cantidad. Concedióselo
don Quijote, y él tomándola a dos manos, con buena
fe y mejor talante, se la echó a pechos, y envasó
bien poco menos que su amo. Es pues el caso,
que el estómago del pobre Sancho, no debía de ser
tan delicado como el de su amo, y así primero
que vomitase le dieron tantas ansias y bascas,
con tantos trasudores y desmayos, que él pensó
bien y verdaderamente, que era llegada su última
hora; y viéndose tan afligido y congojado, maldecía
el bálsamo y al ladrón que se lo había dado. Viéndole
así don Quijote, le dijo:
-Yo creo Sancho que todo este mal te viene de no ser
armado caballero; porque tengo para mí, que este
licor no debe de aprovechar a los que no lo son.
-Si eso sabía vuestra merced, replicó Sancho,
¡mal haya yo y toda mi parentela!,
¿para qué consintió que lo gustase?
En esto hizo su operación el brebaje, y comenzó
el pobre escudero a desaguarse por entrambas canales,
con tanta priesa, que la estera de enea sobre quien
se había vuelto a echar, ni la manta de anjeo
con que se cubría, fueron más de provecho. Sudaba
y trasudaba con tales parasismos y accidentes,
que no solamente él, sino todos pensaron
que se le acababa la vida. Duróle esta borrasca
y mala andanza casi dos horas, al cabo
de las cuales no quedó como su amo, sino tan molido
y quebrantado, que no se podía tener.
Pero don Quijote, que como se ha dicho,
se sintió aliviado y sano, quiso partirse luego
a buscar aventuras, pareciéndole que todo
el tiempo que allí se tardaba, era quitársele
al mundo y a los en él menesterosos de su favor
y amparo; y más con la seguridad y confianza
que llevaba en su bálsamo.



No se vuelve a nombrar la pócima hasta
casi el final del capítulo 17, cuando Sancho,
hecho polvo tras el manteo sufrido en la venta,
recibe la compasiva ayuda de Maritornes...

-¡Hijo Sancho no bebas agua!,
¡hijo no la bebas que te matará! ¿ves?
aquí tengo el santísimo bálsamo (y enseñábale
la alcuza del brebaje) que con dos gotas
que dél bebas sanarás sin duda.
A estas voces volvió Sancho los ojos como
de través, y dijo con otras mayores:
-¿Por dicha hásele olvidado a vuestra merced,
como yo no soy caballero, o quiere que acabe
de vomitar las entrañas, que me quedaron
de anoche? Guárdese su licor con todos
los diablos, y déjeme a mí. Y el acabar
de decir esto, y el comenzar a beber,
todo fue uno; mas como al primer trago
vio que era agua, no quiso pasar adelante,
y rogó a Maritornes que se le trujese de vino,
y así lo hizo ella de muy buena voluntad,
y lo pagó de su mesmo dinero, porque en efecto
se dice della, que aunque estaba en aquel trato,
tenía unas sombras y lejos de Cristiana.

……

Tras abandonar la venta, don Quijote, pensando
que se enfrenta al ejército de Alifanfarón,
capítulo 18, arremete contra un rebaño de ovejas.
Los pastores le responden con piedras

Llegó en esto una peladilla de arroyo, y dándole
en un lado le sepultó dos costillas en el cuerpo;
viéndose tan maltrecho, creyó sin duda
que estaba muerto o malferido, y acordándose
de su licor, sacó su alcuza y púsosela a la boca,
y comenzó a echar licor en el estómago; mas antes
que acabase de envasar lo que a él le parecía
que era bastante, llegó otra almendra,
y diole en la mano y en el alcuza tan de lleno,
que se la hizo pedazos, llevándole de camino tres
o cuatro dientes y muelas de la boca,
y machucándole malamente dos dedos de la mano.

Los pastores, temiendo haber hecho un mal grave
a don Quijote, se alejan apresuradamente, momento
aprovechado por Sancho para aproximarse a su amo,
que le ruega comprobar cuántas muelas
y dientes le faltan.

Llegóse Sancho tan cerca, que casi le metía
los ojos en la boca, y fue a tiempo que ya había
obrado el bálsamo en el estómago de don Quijote,
y al tiempo que Sancho llegó a mirarle la boca,
arrojó de sí más recio que una escopeta, cuanto
dentro tenía, y dio con todo ello en las barbas
del compasivo escudero.
-¡Santa María!, dijo Sancho, ¿y qué es esto
que me ha sucedido?, sin duda este pecador
está herido de muerte, pues vomita sangre
por la boca. Pero reparando un poco más en ello,
echó de ver en la color, sabor, y olor,
que no era sangre, sino el bálsamo de la alcuza,
que él le había visto beber,
y fue tanto el asco que tomó, que revolviéndosele
el estómago, vomitó las tripas sobre su mismo señor,
y quedaron entrambos como de perlas.
Acudió Sancho a su asno para sacar de las alforjas
con qué limpiarse, y con qué curar a su amo,
y como no las halló, estuvo a punto de perder
el juicio; maldíjose de nuevo, y propuso
en su corazón, de dejar a su amo y volverse
a su tierra, aunque perdiese el salario
de lo servido, y las esperanzas
del gobierno de la prometida ínsula.

Salvo un par de breves referencias posteriores,
esta es la última información ofrecida en la novela
sobre el bálsamo, un recurso cerrado prácticamente
en los primeros capítulos, aunque su presencia
parece extenderse a toda la obra.

Así es, si así os parece...

8 Comments:

At 4/8/09 14:16, Blogger Mar y ella said...

Me he quedado fascinada con este relato,adoro la sencillez de sancho....y lo mete pata que era jejejje...
Gracias pro traer parte de una obra hermosa...


Mariella

 
At 4/8/09 18:04, Blogger © Capri said...



Balsamos de boticas de la abuela , alguno de esos necesito yo... pero no se donde los venden :(

El post muy bueno, y me recuerdas que tengo pendiente de reeleer este gran libro, ... esperemos al invierno donde las tardes son más largas y el tiempo invita a la lectura al calor del hogar.

Entre tanto... buscaré el balsamo sanador... el que necesita propio yo.
besos

 
At 4/8/09 22:18, Blogger calma said...

Me ha encantado todo, adoro los clásicos, leo y releo compaginando con la prosa actual o la poesía, pero siempre un clásico en mi mesilla.
Abrazo

 
At 4/8/09 23:43, Blogger Meret ® said...

Un relato maravilloso...
Gracias por elegir tan buenas letras.

Besos.

 
At 5/8/09 5:54, Blogger cieloazzul said...

que cosa mas linda has escrito queridísimo mio!!!!!! que de aprendizaje me llevo,,, y que ganas de un bálsamo de esos, que venga en tus besos! mientras te beso, te beso, te beso!!!

 
At 5/8/09 23:09, Blogger ☼El Rincón del Relax☼ *Beatriz* said...

FElicidades por esta entrada y por tu particularidad en escribir sobre este complejo personaje.

Siempre un gusto leerte, te dejo un fuerte abrazo

Beatriz

 
At 6/8/09 2:25, Blogger Ŧirє said...

jjjAJAJJJA..
me has hecho reir con tu "dedicatoria"...
desde luego este post es un autentico master en a famosa pocima...
asi que parafraseando a don quijote...
te digo:
Que la suerte te aocmpañe amigo Yole , y que el balsamo mantenga alejados los dolores de ti"


un abrazooooooooo
:-)

 
At 7/8/09 3:11, Blogger Oceanida said...

Wow. Me he quedado impresionada.

Gracias por el post. Superinteresante.

Mil besos!

 

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