SUEÑO

Dormíamos en la cubierta
y delfines y peces voladores
saltaban de tus sueños
al mar de mis sentidos.
El sol azul del agua
se refugió en tu piel,
se puso en ella
y fuiste crepúsculo y sirena.
Sin conseguirlo,
quise pensar la angustia,
recuperar el miedo,
el vértigo de tanta soledad
antes de ti, mis días de vacío,
regresar a la nada conocida
antes de que la nada ignota del deseo
me dejase en un barco fantasma,
yo también para siempre un navegante
prisionero dichoso en tu cuerpo.
Me diluí en las sombras que perdían
las aves en tu espalda. Si tus ojos se hubieran
abierto en ese instante
me habrían confundido con la estela:
porque yo era el rastro que mi propia mirada
dejaba en tu piel al deshacerse.
La costa estaba cerca.
Las montañas volvieron a pesar.
Sonó en los altavoces el final de mi sueño.